Las 50 frases de Gabo (Homenaje a Gabriel García Márquez 1927-2014)

El escritor Colombiano se ha convertido en leyenda después de su muerte, aunque antes ya haya sido una leyenda también, Pensamientos Profundos le rinde homenaje compartiendo con sus lectores 50 frases recogidas de sus mejores libros. Gabriel García Márquez, o Gabo como le decimos cariñosamente, fue un carismático, irreverente, ilustre y pragmático maestro de la literatura universal, con sus “Cien años de Soledad” cautivo a millones de lectores, y llevo a flote lo que parecía perdido en la literatura contemporánea latinoamericana: La virtud de la enseñanza con letras.

Gabo fue el escritor más popular y más leído en nuestros días, aunque yo no lo haya leído mucho, es imposible no concordar con las gentes en que éste fue un excelente autor que repartió enseñanzas al mundo a través de sus libros.
Aquí 50 de sus frases.

Venezuela bota gotas de lágrimas, sangre y petróleo por la misma herida. #12FVenezuelaDespierta

¡Pana tu y yo SOMOS VENEZOLANOS!
Estamos en jaque. El gobierno nos tiene jodidos. Ya estoy cansado de pensar lo mismo todos los días, de sentir que la patria se me va por el lava-manos, de saber que, quien murió hoy en mi tierra mañana pasa a ser un número, y pasado mañana un olvido. Estoy triste, decepcionado, angustiado y volátil. Cualquier chavista me sabe a mierda, a los radicales provoca darles una bofetada, porque ya un insulto no es ni siquiera, lo que se supone debe ser. Vivo lleno de miedo, pensando trepitosamente en el mañana, deseando que hoy no me toque a mí ser parte de las estadísticas. Esto es una hecatombe de esperanzas ahogadas por una mordaza roja, un discurso con retorica satírica, el altisonante detonar de las armas que se supone deben proteger a un pueblo. Venezuela bota gotas de lágrimas, sangre y petróleo por la misma herida. ¿Si la bandera es tricolor, por qué se tiene que teñir solo de rojo? Rojo de la sangre de mis hermanos… Rojo de la “Revolución Bolivariana”.

“Comprar” ¿Es ése, el precio de la felicidad?


Ya no tengo azúcar. Hace un par de semanas que se me acabó lo que tenía, un kilogramo me había durado casi dos meses, pero el infortunado paquete terminó por albergarse en mi estómago, dándome energía y poniéndome un poquito más gordo. Supongo, también, que se acabó rápido porque la abusiva de mi casera me robó unas veinticuatro cucharadas. En fin, ya no tengo azúcar… Y se sorprenderán poco al imaginar por qué no consigo, al menos, un kilogramo. Hace unas semanas, un hombre con voz tenue que dirige el Ministerio de Alimentación dijo, efusivamente, .ientras fiscalizaba una tienda por departamentos de la capital, que no existían  registros de escases en el país. Al parecer, los políticos creen que nos encanta comer mentiras. ¿El señor Ministro hará las compras de los alimentos en un Bicentenario? No lo sé, pero lo dudo. A veces, imagino lo que pensaría (o sentiría) el señor Ministro si le llevasen una taza de café recién hecha, sin un gramo de azúcar.

Mezclados como azúcar y café.


“Inmóviles para siempre, bajo nuestros párpados,  tal como la mujer gusta de ver al hombre después de haber hecho el amor.”
André Breton.

Ni siquiera sabía lo que era hacerte el amor. Intentaba soslayar mi corazón para ver si lograba pasar por las ventanas de mi mente, que trataba de comprender la diferencia entre la realidad y la fantasía. No creía poder hacerlo; a veces, dudaba poder sentirlo. La primera noche que estuvimos juntos fue especial, pero nuestra inexperiencia y nuestro nerviosismo, empañaron un poco las ilusiones de lo que se supone, debía suceder;  fuiste mía, pero sólo eso.  

No me importa...